Ni.Pa.Ta.Ta.

/ni.pa.ta.ta./

Ayuntamiento de Ciudad Real
Fondo de Publicaciones nº 31.
Ciudad Real, 1999
Prólogo: Pedro Cerrillo Torremocha
Ilustraciones: Nieves Fernández
Págs.: 93
Edad recomendada: De 7 a 12 años
 

Pedro C. Cerrillo Torremocha, prologuista de la obra, es el Director del Servicio de Publicaciones y de los cursos de verano de Literatura infantil de la Universidad de Castilla la Mancha en Cuenca.

Se trata de una animación a la lectura en sí misma.

A Cristina no le gusta leer y contrae la rara enfermedad de Ni.Pa.Ta.Ta.  : Niños mudos, tacaños del lenguaje pero con ganas de lectura y con divertidas descargas eléctricas. Será necesario tomar mucho jarabe de lectura y descifrar el misterio del Abecedario Fantasma, su abuelo le ayudará.


COMIENZO DEL LIBRO

NI.PA.TA.TA
LOS LIBROS SE REBELAN
 

Cristina se tumbó frente al televisor con un buen bocadillo. El programa infantil no le fascinaba demasiado. Recordó cuando su abuelo, el más anciano de su familia, la increpaba días atrás:

– En mis tiempos no había televisión. Los niños de tu edad leíamos los libros que teníamos y también los que no teníamos. La biblioteca del pueblo era un continuo ir y venir de niños deseosos de leer el último libro recibido y colocado en las estanterías. “Cuando traigas el libro me avisas para cogerlo yo.” -nos decíamos unos a otros-. Cristina, si no pruebas la lectura, no sabes lo que te pierdes. Es algo que no se puede comparar con la televisión, porque si lees un libro, tú eres protagonista de todo lo que ocurre entre sus páginas y con la tele es otra historia.

Cristina siempre replicaba que ya leía bastante en el colegio y que todos sus amigos veían la tele.

Tan convencida estaba de este argumento que dejaba los libros olvidados en la pequeña biblioteca de su habitación. Para una niña de nueve años ya eran demasiados libros los que guardaba sin haberlos leído.

¡Plaf! ¡Plaf!

Un gran estruendo la sacó de sus pensamientos.

– Mamá, ¿qué pasa?

– Es en tu habitación. Si la tuvieras siempre ordenada…

Cristina llegó a su cuarto con algo de miedo. No salió de su asombro cuando comprobó que todos los libros y cuentos se hallaban desparramados por el suelo. Y corrió en busca de mamá.

– Mamá. ¿Tú has limpiado mi estantería?

– Sí. Hace unos días. ¿Por qué?

– ¡Porque todos mis libros se han caído!

– Yo los coloqué como siempre. Aunque, ahora que recuerdo, noté algo muy extraño…

– ¿Qué fue? -preguntó la niña con los ojos muy abiertos por el asombro. Los libros se resistían a volver a su sitio. Colocaba uno y se caía. Lo volvía a colocar y se caía otra vez. Bueno, yo le eché la culpa al nuevo limpiamuebles que les hacía resbalar.

Cristina volvió a su habitación dispuesta a colocarlos. Le parecía mucha casualidad que se cayeran todos justo cuando ella estaba recordando lo que le había dicho su abuelo sobre la lectura.

Ya estaban casi todos ordenados, cuando la voz chillona del llamativo anuncio de un nuevo pastelito en la tele hizo que prestara su atención a la pantalla y se olvidara de los últimos libros caídos en el suelo.

Cuando llegó la hora de acostarse, pisó, sin querer, los tres libros olvidados. Cansada por un largo día televisivo se metió en la cama, no sin el propósito de recogerlos de nuevo por la mañana.

Mientras Cristina dormía, los libros volvieron a caer de las estanterías, muy lentamente y sin hacer el más mínimo ruido. Era como si tuvieran vida. Sus movimientos eran tan lentos que parecía que un ser muy misterioso los moviera a su antojo.

… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …

 

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