Sol y la batuta fantasma

Sol y la batuta fantasma
Programa del concierto del estreno de la obra

Sol y la batuta fantasma es una composición didáctico musical para Narradora y Orquesta Sinfónica que trata la historia de una niña que acompaña a su padre, director de orquesta, por distintos lugares en que actúa, al tiempo que nos muestra los instrumentos musicales y sus sonidos.

La obra fue estrenada por la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música de Ciudad Real en el I Encuentro Regional de Orquestas de Conservatorios, con motivo del X aniversario del Conservatorio de Albacete, bajo la dirección de su autor, Antonio Fernández Reymonde y en la que la autora del libreto, Nieves Fernández fué la narradora.


 

SOL Y LA BATUTA FANTASMA
En el verano de 2001, Nieves Fernández, escritora de cuentos infantiles, natural de Almagro, escribió un cuento por encargo del compositor Antonio Fernández Reymonde, con el propósito de crear un cuento musical. Así nació “Sol y la batuta fantasma”, obra para orquesta sinfónica y narradora, estrenada por los alumnos de la asignatura de Orquesta del C.P.M. “Marcos Redondo” de Ciudad Real en mayo de 2003. Su duración aproximada es de 30 minutos. La plantilla de orquesta es muy amplia: 3.3.3.3, 4.3.3.1(!), piano, piano eléctrico, percusión (Timp. + 4) y una numerosa orquesta de cuerda. Diez años después de aquel estreno, concretamente el 5 de junio de 2013, la orquesta del Conservatorio, dirigida por Alfredo García Buendía, volverá a interpretar esta obra, con ocasión del P.I.E. “Didáctica de la Música Contemporáneaen los Conservatorio de Música” de este curso.

El cuento narra lo que le sucedió en cierta ocasión a una niña, llamada Sol, quien en compañía de su padre – director de orquesta – encontrará una batuta mágica, perdida durante mucho tiempo en los camerinos de un teatro. Al descubrirla, observará el efecto que la batuta produce, con cierto poder hipnótico sobre los animales, y domeñando los sonidos de la naturaleza.

La música de esta obra – que se intercala en la narración a través de 11 números de orquesta – está compuesta para formar una simbiosis con el contenido del texto, y representa una especie de viaje iniciático desde un mundo musical convencional, ingenuo, un tanto infantil, a un mundo sonoro nuevo, fantástico, irracional: la presentación inicial de los actores (instrumentos, niña y orquesta), a ritmo de marcha, no hace presagiar los derroteros por los que transcurrirá la acción y la música. Sobre todo por una razón esencial: la evolución del personaje requerirá consecuentemente una evolución en el estilo. Después de escuchar en la presentación una marcha, una nana (que será el primer leitmotiv del cuento) y hasta un mambo, la música cambiará de rumbo cuando comience la acción.

Sol nos cuenta cómo una vez llegó a un teatro donde no se podían usar los camerinos, por problemas de inundación. La música que acompaña este momento de la narración es sutilmente polirrítmica/polimétrica (esto es, con distintos niveles rítmicos simultáneos) y puntillista, escrito en técnica serial: como una alegoría de las goteras que hubiera en los camerinos.

Tras apañar una ubicación a los músicos en distintos lugares – entre bromas y veras – el conserje asigna al director un viejo camerino, cerrado desde hace mucho tiempo, que provoca en Sol una inquietud por conocer aquel triste episodio que motivó su cierre. La música – de tipo incidental – va apuntalando la narración. Aquí se presenta el segundo leitmotiv, el de la batuta, a través de un piano con sonido distorsionado, sobre una base armónica compleja (basada en los acordes alpha que usaba Béla Bartók) que se mantiene estática, a modo de fondo.

Y mientras los músicos se preparan para hacer el ensayo del concierto, Sol escucha a escondidas la conversación de dos señoras de la limpieza, sobre el camerino cerrado: era el que usaba en otro tiempo un célebre músico, don Amadeo, quien enloqueció cuando perdió su batuta; la leyenda decía que su inspiración parecía provenir de aquella batuta mágica desaparecida.

La orquesta, a modo de ensayo general, interpreta una obertura, que bien podría ser de don Amadeo, en un estilo pseudo-impresionista – con ciertas reminiscencias ravelianas – donde se escucharán los dos leitmotivs principales de la obra, y donde se adaptan otras ideas musicales que se oirán más tarde. En medio de la Obertura, la orquesta parecerá sucumbir a cierto hechizo (en este momento, la cuerda se mueve a través de escalas octófonas).

A Sol no le queda ninguna duda: la batuta tiene que estar en el camerino, y la busca por todas partes. Cuando la encuentra, se va a un parque con ella. Sin darse cuenta, poco a poco es rodeada por una multitud de animales de todo tipo. En este momento de la acción, la orquesta de cuerda hace algo similar al ruido blanco. Al igual que el color blanco es la suma de todos los colores, el ruido blanco es la suma de todas las frecuencias: cada miembro de la cuerda hace una nota distinta, pero a modo de cluster en el registro agudo. Mientras tanto, se va produciendo una progresiva acumulación de nuevos motivos y ruidos: una presencia animada e irracional, animal. Sol atribuye lo sucedido a la influencia de la batuta, y decide actuar como un director; los animales obedecen al influjo de la batuta, y a su manera, siguen sus indicaciones: un grupo de instrumentos de viento entretejen distintas líneas en varios tonos simultáneos (politonalidad), mientras que el resto va interviniendo independientemente – por familias de instrumentos.

Convencida del poder de la batuta, Sol se ve impulsada a correr a los acantilados próximos. Allí será donde escuche “los sonidos más bellos jamás antes escuchados”. Este número musical es, junto con la Obertura, el número más largo del cuento. La magia musical, a diferencia del momento anterior, no es animada, sino más bien estática. La música transcurre como un suave murmullo, en distintas capas, a través de sonidos casi sin entonación – como el aire, o el mar – y con la presencia de algún que otro canto lejano. Llegado cierto momento, el sonido inanimado se transformará en una música coral, primero a través de la cuerda y los instrumentos de láminas metálicas de percusión y el piano, y después con música electrónica. Algunas de los motivos que se escuchan en este número “servirían de inspiración” a don Amadeo cuando compuso la obertura escuchada anteriormente – motivos adaptados al estilo de la época en que podría haber vivido este compositor.

Más allá de los problemas corrientes que tiene el montaje de toda obra para orquesta sinfónica, en este caso los músicos van a tener que recurrir a formas de emisión sonora no convencionales, e interpretar números musicales en distintos estilos musicales propios del siglo XX alternativos a la música tonal o tradicional. En este caso, para la mayoría de estos músicos (alumnos de 3º a 6º de Enseñanzas Profesionales) es una experiencia nueva. Creo que esta partitura supone una excelente oportunidad para el aprendizaje de nuestros estudiantes, tanto en clase colectiva, como con la asistencia personalizada del profesor de instrumento. Por eso considero que, aparte de seguir las indicaciones del director, o resolver los problemas técnicos que pueda requerir la partitura, es importante reflexionar sobre la actitud, la reacción o la forma de interpretar una música tan diferente de la habitual.

Contrariamente a lo que se pueda pensar, no es más fácil tocar – ni mucho menos interpretar – una música aparentemente irracional, sin sentido, tan próxima al ruido. Las ideas musicales van asociadas a las melodías. Una melodía bella puede soportar una interpretación inexpresiva, precisamente porque se entiende de manera racional. Por tanto, la ausencia de melodía requiere potenciar el resto de cualidades sonoras en la interpretación, tal como sucede en los instrumentos de afinación indeterminada (como en la percusión). El resultado de tocar ruido, sin intención expresiva, parece una broma de mal gusto. Además, afrontar desde el respeto (sin burla de lo que se ignora) lo que es nuevo y diferente es algo fundamental en la educación musical de nuestros jóvenes.

La experiencia del estreno fue, para los que intervinimos hace diez años, extraordinariamente grata. En general, recibimos bastantes elogios del público – aparte de las críticas que pudieron surgir por problemas en la interpretación o de puesta en escena: nos hemos acostumbrado tanto a la perfección del disco, que a veces olvidamos las dificultades que entraña conjuntar a un número tan grande de músicos jóvenes. Únicamente recibí dos críticas a la obra, que curiosamente provenían de supuestos especialistas en música para niños: a uno le sobraba ese final tan poco melodioso, como al otro le sobraba la marcha del principio. Es evidente que ninguno de ellos se enteró de qué iba la obra.

(!) 3 flautas, 3 oboes, 3 clarinetes, 3 fagotes – que para esta ocasión se sustituye un fagot por un saxo tenor – 4 trompas, 3 trompetas, 3 trombones, 1 tuba. El papel de piano incluye piano y piano eléctrico. También hay un papel para arpa. En ausencia de arpa, tanto el papel de arpa como la parte electrónica es asignada a un pianista.

Antonio Fernández


 

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