Escaleras de verano

Es cierto que en verano hay tiempo para afrontar lecturas de libros de peso y subir escaleras empinadas que no sabemos a dónde nos llevan al contarnos una historia desconocida, una buena historia. Lecturas premiadas e interesantes como la novela de Pedro Antonio González Moreno, editada por Siruela (Nuevos Tiempos Policiaca), La mujer de la escalera, premio Café Gijón de hace dos años, sí, ese tiempo es el que la he guardado, mea culpa de dejarla en la estantería.

Es que si bien es cierto que leer, leemos, y mucho, en pantallitas; leemos mucho menos en papel y de género novelesco, así eché de menos meterme en renglones a gusto y sin prisas, como deberían ser siempre las lecturas nutritivas cuando se saborean los buenos mensajes.

Si conoces al autor y has compartido experiencias culturales y literarias, la lectura se hace entretenida. Si eres amiga del autor, querrás ver con lupa y entre líneas cualquier anécdota, cualquier frase o experiencia, preguntarte si será todo ficción ese capítulo y en qué porcentaje. Si encima admiras al autor como el escritor más completo de nuestra tierra, un autor que lo mismo sube escaleras de poesía, de ensayo, de teatro, de artículos, de cuentos, o de novelas…,  te maravillas, te alegras infinito, lees el texto con mucho más interés que si se trata de un desconocido aunque muy prometedor como es mi siguiente lectura.

Sara es la protagonista, Sara es la escalera, Sara es la vida, y subimos escaleras como vivimos la vida, a veces siendo más o menos protagonistas de nuestra existencia, tomando decisiones acertadas o no, formando parte de historias románticas y trágicas como ésta, ambientadas en un maravilloso contexto universitario, de decanos y vicedecanos, de religiosos, de profesores y alumnos, donde el teatro clásico antes de la Celestina es un enigma, el verdadero interés yo diría policial, por el que los jóvenes exploran, investigan para que el lector siga los pasos de los protagonistas. Y son muchos personajes, una veintena, con sus secretos y vanidades, con sus logros y envidias, como la vida misma.

En la trama, el género dramático nos hace recordar la anécdota personal, pero en géneros vanguardistas relacionados con nuestros estudios universitarios. Estudiantes y actores en escena haciendo teatro. ¿Por qué se hace tan poco teatro escolar en nuestro país? –reflexiono. Es decir, teatro de actores estudiantes, de cualquier nivel educativo, para que se entienda mejor la historia del teatro y sus autores. Quizá así no nos preguntaríamos como Pedro si existe un teatro anterior a la Celestina, porque somos huérfanos durante dos siglos de géneros dramáticos. Siglos oscuros que Pedro Antonio González Moreno ilumina con esta obra, donde no toda la literatura investigada es teatro consolidado, también hay una literatura incipiente, la de los estudiantes, un cuento a modo de catálogo psicológico, vegetal y delicioso donde por motivos también personales quedé embelesada en su juego. ¿Y qué es la literatura sino compartir sentimientos descritos de la mejor manera? Pedro Antonio nos hará buscar  Las lágrimas de Belisa como el mejor psicólogo de las escaleras del tiempo.

 

 

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