Naves creativas en Matadero. Madrid

¿Qué hacer cuando un edificio o un espacio cambia en su funcionalidad o en su cometido? Cada persona tendría una respuesta muy diferente como diferentes son las opciones para recuperar un espacio.

De eso saben mucho los artistas, los arquitectos, los decoradores, los albañiles o los pintores, que en un tris tras o tras tris por aquello de que nada es gratuito ni inmediato, nos cambian un espacio que antes fuera sórdido o eminentemente práctico por una transformación plástica que nos hace pensar en el por qué no siempre se ha utilizado así. Eso es lo que ha pasado en Matadero Madrid, un espacio de creación integral ofrecido a los madrileños y visitantes que tanto en verano como en invierno lanza su divergente oferta creativa sin descanso.

Sin ser vegetariana ni tampoco ovolactovegetariana, sorprende que un edificio a todas luces monstruoso, un edificio que ha servido para ejecutar animales en unas naves que actualmente y pasados tantos años no disimulan tan penosa actividad, haya salido airoso de reconocerse como uno de los edificios más importantes en cuanto a creación cultural se refiere, no sólo de Madrid sino de España. Ya hice mención de otros edificios notablemente recuperados para el mundo de la cultura como La Biblioteca del Sol en Albacete, diseñada y reformada a partir de un depósito cilíndrico espectacular que antes abasteciera a toda una gran ciudad, pues Matadero no es menos espectacular.

Sorprenden en gran manera las cortinas de grueso plástico a modo de puertas, manchadas de sangre (¿o pintura?) que nos recrea el antiguo lugar. Ese es el principio de que se considera un lugar cambiante, sabe que no puede escapar de la bulla del arte contemporáneo y por supuesto no lo disimula, se hace ejemplo de experimentación como su secreto mejor guardado. Para experimentar hay que moverse en un espacio lo más auténtico posible, lo más diáfano y luminoso, como si se tratase de un folio en blanco o un nuevo lienzo y el de Matadero Madrid lo es, facilita esa experimentación en los talleres teatrales, en las exposiciones pero no se queda ahí, sus naves que antes fueran frías, ruidosas y productivas ahora se calientan con la creatividad humana y experimentan una transformación total que se convierte en el sueño de todo artista: disponer de un lugar espacioso para recrearse en ese ocio artístico que necesitamos para imponer nuestra condición de seres pensantes y expresivos. Nada menos que 34 artistas se meten en la nave 16 y forman el grupo de El Ranchito, pero sin olvidar a la Cineteca como única sala que proyecta no ficción. Y si estamos lejos, Matadero Madrid nos acerca a sus naves con la Plataforma virtual, donde se mata el aburrimiento y se felicitan de tener siempre “abierto por obras” (de arte), claro. Es un espacio en bruto como las escenas que ha vivido, pero espacio neto que se culturiza en cada evento para resucitar ideas y sugerencias.

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