Continuará…

            Había una vez un editor que no sabía que lo era, pues se había preparado con licenciaturas de arte y otras disciplinas de imagen. Pero le llamaba la atención el mundo de la palabra, y de pronto se vio en un departamento al que le faltaba algo ingenuo, algo inocente, algo inteligente, algo irreverente, algo infantil, algo juvenil, algo distinto, algo divertido, algo locuaz, algo simpático, algo aventurero, algo poético, algo inmenso, algo pequeñito como en la canción, y hubo de ponerle nombre, y salió el nombre de Calipso.

Calipso podía ser un barco misterioso, una ninfa de la Odisea, un baile del Caribe o una música marchosa donde las haya, pero aún con ese nombre se convirtió en toda una colección de literatura infantil en Castilla – La Mancha, capaz de llegar a decenas de títulos en variados géneros literarios, en narrativa con cuentos y novela, poesía y teatro, y por supuesto lo que se conoce ya como un género especial dentro de la literatura infantil, donde tanto el texto como la imagen tienen igual importancia y cuentan la historia en dos versiones, en el álbum ilustrado infantil.

Ocurrió que el gran editor, junto a su compañero de despacho y mismos literarios objetivos  formaba el magnífico dúo de los chicos de la BAM, esto es José Luis Loarce y Jesús Reviejo, gran pareja de expertos cuidadores de los libros para niños y para todas las edades, pero en especial para los pequeños, llegó el momento mágico de su descanso laboral, del momento que dicen que es cosa de generaciones que se vayan jubilando nuestros médicos, profesores y maestros, grandes profesionales de todas las disciplinas con los que hemos tomado contacto laboral y casi amistoso y espiritual.

Ambos chicos de la BAM son ahora protagonistas, porque se separan en el ámbito del trabajo, y un precioso comic con bocadillo de José Luis Loarce nos invita a conocer la noticia y a celebrarlo en grupo con los compañeros escritores e ilustradores de la zona y de toda la vida. Preciosa reunión donde en un oficio solitario como el nuestro que levanta la mano en el Día del Libro y la esconde al día siguiente para seguir escribiendo, se acuerda un editor en su júbilo de sus autores con los que ha vivido tantas historias y anécdotas. En mi caso, celebro este año mi veinticinco aniversario de Poemas de recreo y mochila, mi primera obrita infantil, desde ese título hasta el de ¿Quién pintó el cielo de azul?, han pasado varios años y seis obras que no citaré aquí, junto a otros números autores que escribían por primera vez una historia infantil y Calipso la hacía navegar a buen puerto con el mejor final de un cuento.

Muchas gracias, José Luis Loarce, por tu dedicación a Calipso, por tu buen hacer, por tu esfuerzo en presentar obras de calidad que gustan a los niños y niñas. A la espera quedamos si retoma sus habituales colaboraciones en periódicos y con la imagen y la palabra. Como dicen las buenas obras: Continuará…

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